sábado, 31 de marzo de 2012

Los libros y su putada


¿Se han preguntado alguna vez el proceso por el que un libro pasa para llegar a su alcance? El fenómeno de los best sellers, ah, ¿acaso es producto del contenido del libro que lo hace tan atractivo para todos? Para ser honesta no conozco del todo cuál es el proceso a seguir, pero me disgusta mucho el trabajo que cuesta para poder introducirse en el mercado.

¿Un libro para qué sirve? Aprender, entretenerse, impresionarse, viajar… Cualquier noción que tengas, puede ser verdad, pero así no es como las editoriales suelen manejarlos. Desgraciadamente ahora para poder publicar un libro a través de una, necesariamente debe poseer un valor comercial. ¿Qué te dicen las editoriales para poder publicar un libro? “Necesitamos saber qué aptitudes comerciales tiene”. Ah, es decir que sólo lo tomarán si se puede vender. ¿Y para venderse qué necesita un libro? ¡Uf! Entramos ahora a una gama tan amplia que es difícil poder generalizar algo. Pero en este caso podemos generalizar una cosa, la trama del libro siempre debe ir estructurada en función a modelos actanciales que tenemos muy arraigados en nosotros. El héroe y el villano, la víctima y el aliado. La sociedad misma suele manejarse en ese sentido imposibilitando la idea de que existan más actores o que uno pueda ser varios a la vez. Cuando vemos una película, por ejemplo, acostumbrarnos a enfocarnos en el protagonista, en ese héroe que sufre y lucha por lo que quiere, que triunfa en su propia forma contra el remarcado villano, el vil opresor que le impide cumplir algún deseo. Este modelo se manifiesta de diversas formas, y es justamente de la literatura que toman su lugar.

Una historia que contenga el más puro y brillante sinsentido no tendrá jamás un valor comercial, porque saldrá de nuestros esquemas, nos romperá con el imaginario colectivo al que todos secreta e inconscientemente le hacemos caso. Un personaje malo sólo será bueno si sufre una conversión, y uno bueno que se vuelve malo siempre volverá a arrepentirse o sufrirá terribles consecuencias. Ya sea desde un punto de vista macabro o al estilo Disney, vemos prácticamente lo mismo en todas las historias, porque nos encanta. Nos encanta que el pobre se vuelva rica, que el bueno supere al malo, que la chica se quede con el chico y que el malo se vaya directamente al infierno.

Entonces, en mi humilde opinión, pienso que este valor comercial tiene que ver con esas cosas. Una historia no convencional que sea diferente a lo ya predecible sólo tendrá éxito en el público adecuado, que será una pequeña élite que se permita abrir un poco más la mente. Y desde luego, al ser éstos pocos en comparación a la gran masa ya moldeada, una editorial no se arriesgará demasiado.

¿Qué hacen para animarse a hacerlo? Editan la obra. Cambian esto y lo otro, y te aconsejan cosas para hacerla una historia más comercial. Para mí las editoriales son una industria injusta, una dictadora capaz de juzgarte al juzgar tu obra. Monstruos enormes que deciden qué formar parte de la cultura y qué no. En cierta forma, son la prostitución de un libro.

Ahora bien, no quiero hacerme enemigos al escribir semejantes líneas, ni mucho menos hacerme ver con malos ojos por todos aquellos que trabajen o estén a cargo de una editorial. Demuéstrenme lo contrario, muéstrenme algo de literatura oscura que rompa con nuestros esquemas en donde el héroe sea también el malo y la víctima se vaya al infierno a causa del aliado. En donde el protagonista no sea el héroe y el malo no se sepa en realidad quién es. Esa literatura existe, y muchas veces es bien recibida en el mundo. Pero una vez más, será un pequeño porcentaje en relación a lo otro.

Pero debo admitir, ante su decepción a lo mejor, que muchas veces me siento tentada a unirme a alguna editorial, a vender mi obra por una cantidad de dinero y hacerlos más ricos a ellos. Es una buena forma de expansión y difusión de la obra, y desde luego te abre más puertas de las que imaginarías. Sólo que jamás me animaría a cambiar lo que son mis obras, y si no tienen ese componente comercial que tanto gusta, pues no podría hacer un contrato editorial nunca.

Qué curioso es entonces, el que sueñe con mis libros en las vidrieras de grandes librerías, en una firma de libros en una biblioteca, en presentaciones concurridas, en gente que conoce y es fanática de tus historias, en películas con tus historias, en molestos agentes que te facilitan la vida con tal de que te vean escribir más páginas para vender. Pero sobre todo, en ALGUIEN LEYENDO TU OBRA. 

Personalmente, me es horrible y hasta tortuoso haber publicado tres libros en corto tiempo y no tener una crítica extensa de ellos. Me dan los me gustó, los interesante. He leído críticas de uno de ellos en otros blogs, que aunque decía que tenía talento, desearía que fueran más extensas. Mis libros no son conocidos, no hago publicidad. Y habiéndolos publicado de forma independiente, es decir, con mi propia plata y a mi manera, es incómodo tener que decirle a alguien “oye, ¿no quieres comprar mi libro? Está buenísimo”. No soy así, lo encontraría algo arrogante, o egoísta. Y si yo no hablo de ellos, ¿quién lo hará? Ah, pues nadie. Y hasta ahí llegaron. Aunque esté llorando al aceptar, resignarme ante ello, es así. Hasta que no consiga a alguien que me haga publicidad, que se anime a exhibir mis libros para ser juzgados más por su portada o su precio que por su contenido al no hablar de ellos, no pasará nada.

Ya son un poco más de tres años, y no tengo mucha idea de cómo  ve la gente mis historias. Tengo valiosas críticas de dos o tres personas, pero es poco. ¿Cómo puedo parecerme a estas potentes editoriales con infinitas capacidades y con precio propio? ¿Debería venderme a alguna, ceder ante su industria?

Algo más de los libros, y su putada.

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