lunes, 25 de marzo de 2013

Mi muerte, acechándome




Hoy tuve oficialmente mi segundo encuentro cercano con la muerte. Pasó tan rápido que apenas lo pude procesar después, y ahora, quiero compartirles un poco la historia.

¡Casi me muero!


Para comenzar, no quiero presumir de nada ni celebrarlo ingenuamente, pero estoy convencida de que nacía con suerte. O bueno, con suerte para unos, con mente centrada en lo positivo para otros, e incluso con la casualidad de mi lado, según la filosofía de cada uno.

Me gusta denominarla al estilo CLAMP, que viene siendo de connotación religiosa: Soy una hija de Dios. Jeje, sé que puede sonar un poco cursi de repente, pero déjenme explicar la frase. En el universo CLAMP… No esperen, primero explicaré qué es CLAMP para los que no sepan. Y los que sí, sáltense el siguiente párrafo.

CLAMP es un equipo de mangakas conocidas como las reinas del shoujo. El manga es la historieta propia de Japón, como el cómic lo es para Estados Unidos. Los mangakas son los dibujantes del manga, sus autores. CLAMP está compuesto por cuatro mujeres mangakas que han creado un universo conformado por todas sus obras. Aunque más bien serían universos múltiples lo que han hecho. El shoujo es el género propio de chicas, es decir, que abarca temas como los sentimientos, el amor, la amistad, y esas cosas que normalmente encajan con el arquetipo de las chicas. Uy, pero CLAMP va mucho más allá, pues muchas de sus historias tienen elementos traumantes. ¡Ah! Pero me estoy desviando… Luego haré un post exclusivo para CLAMP.

El asunto es que en su manga Tsubasa Reservoir Chronicle –y no recuerdo si en xXxHOLIC también menciona esto- CLAMP explica que en el mundo existen personas que han sido bendecidas por los dioses, que cuentan con ciertas habilidades y les va bien en casi todo. En el manga, Sakura es calificada como una “hija de Dios” porque, pese a todo lo que le ha pasado, siempre logra salir adelante manteniendo su esencia intacta. Es… afortunada.

Y es según esta denominación que me considero también “hija de Dios”, porque tengo bastante suerte con diversas cosas. No lo digo por presumir, jeje, pero he tenido ciertas experiencias que me dicen que es así, que soy afortunada y cuento con más cosas de las que debería merecer.

Por supuesto, esto no se cumple en todo. Como parte de la filosofía CLAMP, que he adoptado tanto, todo tiene su precio, y sé que mi suerte tendrá uno elevado. Sin embargo, en este momento no me importa, porque soy una hija de Dios y sé que todo, por mucho que empeore, irá bien. Por mucho que el mundo me lastime, no perderé mi energía, vitalidad o esencia.

Es como esa filosofía del secreto, jeje, en que el poder de la mente atrae lo que quieras. O del estilo Paulo Coelho, que el universo conspira para darte lo que más deseas. Es lo mismo.

Así que, bueno. Comparto lo que me ha pasado:

Al bajarme del minibús de regreso de la universidad a mi casa, el chofer me llamó pidiéndome mi carnet de estudiantes. Es que estos ya no tienen respeto por el pasaje universitario, creo que les duele recibir tan poco. En todo caso, volví para mostrárselo.

Estaba justo en la ventana del chofer, en el lado de la calle. Justo cuando me di la vuelta para terminar de cruzar hacia mi casa, una moto pasó a escasos centímetros de mí. Estoy segura que con un segundo más de tiempo, habría dado ese paso que me habría puesto directamente en su camino. Y estaba yendo a alta velocidad.

¡Uf! Mi corazón se volcó y tras fijarme rápidamente en ambos lados de la calle, como debí haber hecho, crucé a salvo.

Joder, fue tan tenebroso. Evité pensar en eso hasta llegar a mi casa y prepararme algo de tomar. Luego procesé un poco lo que había pasado, aunque tampoco quise hacerlo demasiado. Recién ahora comprendo que, de no ser una hija de Dios, ya estaría muerta.

Lo peor es que es la segunda vez que me pasa, una señal, sí. Ojalá no muera así.

La primera vez también bajaba del minibús, y como no había autos viniendo, me dispuse a cruzar. Lo que no sabía, era que esa calle no era calle, sino avenida, y los autos iban en doble sentido.

Otra vez, un milisegundo fue lo que me salvó. El auto apareció del otro lado y tan cerca que terminé chocándome con él al dar el siguiente paso. Ese paso que de haber terminado de darlo me habría puesto en el camino del auto.

El auto frenó en seco, el conductor me miró horrorizado por la ventana. Alcancé a decir un “no se preocupe, estoy bien” y terminé de cruzar para irme apresurada donde estaba yendo. Les juro que comencé a llorar, porque había sido tan cercano, tan rápido…

Ahora que pasó algo bastante similar, no sé qué pensar. Todas las precauciones que tomo –y vaya que tomo muchas- parecen no ser suficientes. Ese descuido mínimo, por culpa de mi distracción en defender mi pasaje de estudiante, casi me mata.

Puede que muera así algún día. No sé, solo espero que no sea demasiado pronto. Creo que escribiré un testamento en este blog y lo programaré para el futuro. Si sale, será porque algo me ha pasado.

En fin, hoy es un día especial. Ser hija de Dios realmente es una bendición para mí, que tengo tanto. A fin de cuentas, recibí la vida de algo más, y debo devolvérsela.

¡Que no sea pronto, por favor!

Y como dice Flyleaf: Thank you for just one more day.

3 comentarios:

cecilia dijo...

no puedo creerlo te pasaste anita eso es muy peligroso bueno no paso nada malo al finañ tiens q tener mucho cuidado :-) jejeje no se si es ser hija de Dios, pero eso si tienes un angelito q te esta cuidando mucho :-) animo mi anita tqmmmm y ten mas cuidado jejjeje

Anónimo dijo...

A mi me pasa creo que una vez por semana porque en Buenos Aires el trafico es terrible. Pienso que hay que tener cuidado y lo que te paso es señal de eso. Ten cuidado Ani!

Anónimo dijo...

pienso que deberias conocer mas tu ciudad, a veces la gente que vive mucho en su cabeza va perdiendo la agudeza en sus sentidos. Ademas hay pocas ciudades en las que se respeta el pasaje estudiantil, al menos el chofer estaba consciente de la tarifa. Perdon por el regaño pero solo asi continuaras viva. :)

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