sábado, 10 de agosto de 2013

Enamorarse de un libro



Desde siempre me ha gustado leer, tengo libros que adoro leer más de una vez. Por ejemplo, Entrevista con el vampiro de Anne Rice, lo leí tres veces. Ángeles y demonios de Dan Brown y La naranja mecánica de Anthony Burgess, dos. Y ciertamente creí que no podría gustarme más otro libro de lo que me gustaron esos.

Ah, pero estaba equivocada. De alguna forma, otro libro llegó a mis manos que, aunque no lo haya terminado (¡ni siquiera pasé del segundo capítulo!), me tiene completamente encantada. Con decir que leí esos primeros capítulos más de tres veces… Simplemente lo amo.

¿Cuál es este libro que tanto me ha gustado? Se trata de un libro que encontré casualmente en el Gran Ateneo, en Buenos Aires. Verán, en esa librería-biblioteca, uno puede ir y leer cuanto quiera el tiempo que quiera, sin sentirse obligado a comprar nada. 

Fue una tarde en la que fui enteramente a leer recomendaciones de amigos. Leí como cuatro novelas diferentes, una de ellas hasta casi la mitad, sin que llegaran a convencerme de su adquisición. Mi exigencia principal en una novela es la forma, si me es fácil leerla, si me impulsa a seguir leyéndola, significa que va a gustarme, al menos en primera instancia. Cuando tengo dificultades en avanzar, y me cuesta seguir leyendo, descubro a mi pesar que no es un libro para mí. Por ejemplo, fue lo que me pasó con Las damas de Grace Adieu de Susanna Clarke, pese a que la historia era muy interesante (razón por la que llegué hasta la mitad del libro), el estilo de narración no terminaba de convencerme.

Luego de varias lecturas, reflexionando entre cuáles me gustaría comprar, cuáles podría encontrar en mi ciudad, y cuáles tendrían que esperar, no me decidí por ninguno. Así que estaba algo desanimada, revisando la estantería del Ateneo, buscando algo sin saber qué, cuando vi un título que me llamó la atención.

La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. ¡Qué título más extraño!, pensé. Me animé a darle un vistazo. Al sacarlo de su lugar, pude ver la portada. ¡Qué extraña portada! Aquí se las pongo, para que la vean. Me cautivó, me llamó mucho la atención.

Me retiré a leerlo a un rincón despejado, leí el preámbulo y el primer capítulo. Sentí que mi corazón lloraba. ¡Era una historia tan hermosa! Y estaba tan bien escrita, fue tan sencillo seguir adelante con la lectura. Hasta ahora que lo pienso, no entiendo cómo unos escritos pueden cautivarme tanto si ni siquiera he avanzado mucho. No lo entiendo.

Será por el contenido, por la trama, por los personajes, por su ideología… Me siento tan relajada y maravillada leyéndolo. Mi momento feliz. Creo que no he avanzado tanto por temor a que en algún punto me decepcione de algo. Tal como está ahora, me fascina. Hasta casi me es suficiente.

Qué injusto, pero qué hermoso al mismo tiempo.

Seguiré con mi lectura, poco a poco, y cuando llegue el momento escribiré al respecto.
Hasta entonces, cuéntenme, ¿alguna vez se han enamorado de un libro?

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