viernes, 19 de octubre de 2012

¿Cuándo se paró el reloj?





Siempre que escuchaba a los mayores decir que de grande no tendrás tiempo para nada, ¡jamás creía que fuera tan literal! Desde que empecé la universidad he comprobado diariamente que la clave está en la organización. De esa forma, tienes tiempo para todo.

Ah, pero no es así. El tiempo alcanza, claro, ¡pero nunca es suficiente! ¿Qué pasó con esos momentos en que por tener nada que hacer, ¡no hacías nada!? Era hermoso pensar tu tarde o tu noche con nada más que agradables pensamientos, que libros, películas, dormir bien…

No me estaba dando cuenta sino hace poco, cuando mi mantra involuntario se ha vuelto “hoy sí voy a dormir hasta tarde” y lo repito noche tras noche porque, por algún motivo, termino levantándome temprano al día siguiente.

Sepan, ante todo, que suelo dormirme pasada la media noche, por mucho que trate de acostarme a las 10.30. Ya es costumbre, y sí, pueda que lo pague caro en mi vejez, pero por ahora disfruto de mi pequeño insomnio. El problema está en que ya no duermo tanto como antes, que podía dormitar alegremente y sin vergüenza hasta las diez. Ahora siempre hay algo que hacer, o tengo clases, o tengo alguna actividad, o simplemente hay algo que no puedo hacerlo otro día. Y entonces mi despertador biológico me despierta alrededor de las siete.

No es como si el tiempo se acelerara, porque los días van pasando sin prisa. Es más, ¡con excesiva lentitud! A mi parecer, octubre ha decidido crearse más horas para no llegar nunca a fin de mes. Lo he sentido más que mi adorado septiembre, o que agosto, e incluso julio.  Temo no sentir noviembre de la misma manera, porque en cierta, es como estar flotando en una infinidad de horas.

No obstante, esas horas no son tan placenteras. Siempre hay algo que hacer, responsabilidades que atender. ¡Pobres niños! ¡Desde el kínder ya entran en este ritmo frenético que no terminará hasta que se jubilen! Creo que no los dejan gozar demasiado. Sólo sus brevísimas vacaciones que en comparación son poca cosa.

Ah, el tiempo nunca me había hecho su prisionera tanto como estos últimos meses, en especial éste. Mañana, por primera vez en tantos fines de semana, no tengo compromiso para la mañana. ¿Podré dormir hasta tarde? Oh, por favor, quiero dormir hasta tarde. Es otro tipo de relajo, es una terapia infaltable, un tratamiento de los inmortales. Sólo dormir.

Si al día siguiente retornan mis actividades, si recuerdo sin mucho entusiasmo todas las tareas que tengo pendientes para hacer el fin de semana, no importará mucho, con tal de haber dormido con justicia. Sí, lo repetiré una vez más:

“Hoy sí voy a dormir hasta tarde”

1 comentario:

Anónimo dijo...

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