jueves, 19 de abril de 2012

Cuando dependemos del tercero


Hay muchas ocasiones en las que podemos vernos directamente en fuertes necesidades  y requerimos ayuda de un tercero. Cuando este tercero resulta ser una persona que desconoces, en su mayoría, puede sacar un buen provecho al respecto.

Los taxis por ejemplo, pueden cobrarte lo que se les antoje una vez te hubieron llevado al lugar de destino. No puedes negarte, ya estás ahí. Peor aún los radiotaxis, que por haber ideo hasta tu casa a recogerte se creen que pueden cobrarte hasta el doble de la tarifa regular. Uno puede plantarse y reclamar, claro, pero es que ahora los taxistas saben defenderse de mala forma y no es tan fácil hacerles frente ya.

Muchas tiendas también suelen llevarse ese provecho. Los kiosquitos o tienditas armadas cerca o en tu colegio u universidad (o cualquier lugar en el que trabajes o acudas) suelen subir sus precios ya que no hay más opción que consumir ahí. Una botella de agua que podría costar 3,50 te la venden a 4,50, o hasta 5 si se nota que hay necesidad –un día acalorado, por ejemplo).

Pequeños negocios que se sirven de otras instituciones, como las librerías o fotocopiadoras cerca de algunas instituciones que requiera fotocopias de documentos o archivadores especiales para hacer trámites. Son cosas para las que no tienes tiempo cada vez, por lo que te verás obligado a comprarles con sobreprecio solamente porque no hay de otra.

Es lo que se conoce como valor agregado del producto. No obstante, creo que para todo hay un límite, ¿no? Hay veces que podrían justificarse, pero otras que simplemente se aprovechan en tu cara y ya ni sienten remordimiento al respecto. Es muy poca la gente que realmente es capaz de ayudarte honradamente cuando lo necesitas.

Asco de gente cuando dependemos del tercero.

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