martes, 1 de mayo de 2012

Cuando la familia es primero


Dicen que el apoyo incondicional de la vida viene de tu familia. Esto seguramente no se aplica en todas, pues desde problemas intrafamiliares hasta casos de migración, pueden ocasionar cierta desvinculación en los cimientos de lo incondicional.

Cuando un apoyo es incondicional, significa que no debe esperarse nada a cambio de ese apoyo. No es un proceso de negociación. “Te ayudo si me ayudas en la próxima”, “te escucho si me escuchas después”. De alguna manera es satisfactorio el brindar esa clase de apoyo porque justamente estás ayudándole a alguien y cooperando con su proceso de desarrollo. Claro que esa satisfacción vendría a darse en un aspecto individual y por ende, al ayudar a otros estarías en realidad aumentándote el autoestima, rompiendo así el “sin esperar nada a cambio”. Mas esta suposición es terriblemente oscura puesto que eclipsaría toda intención buena y por lo tanto, la dejaremos ahí.

La familia es aquella que debe apoyarte porque es básicamente una obligación. “Te quiero porque soy tu madre”. No obstante, ésa no es la familia de la que estoy hablando. Me refiero al conjunto de personas que te consideran alguien válido – que vale la pena – y que por tanto estarían dispuestos a lo que sea por tu bienestar. Esta familia no trae el prejuicio del afecto por obligación, ni mucho menos algún lazo sanguíneo que pueda justificar un chantaje. Se trata de un afecto puro, un amor honesto, compuesto de verdadera humanidad.

Puedo decir que ya he encontrado ese conjunto de personas para mí, justamente en mi familia sanguínea. Mis papás y mis herman@s. Y debo decir que incluso eso, puedes hacer una mella real en tu vida social, pues al tenerlos como prioridad he renunciado a muchos momentos que podría haber pasado con mis amigos. No me arrepiento, desde luego, lo malo es que con el tiempo los amigos dejan de invitarte a tantas ocasiones como antes. Es el precio de tu decisión.

Cuando la familia es primero, realmente es lo primero, lo incondicional, y hay un precio que pagar ante este hecho. Tampoco hay que ser maniqueísta y cerrarte por completo a ese círculo familiar, no obstante, su importancia influye en las demás relaciones sociales. Decisiones y más decisiones.

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