domingo, 25 de noviembre de 2012

Essay: Monólogo “Crónicas de una muerte anunciada”


El teatro viene de una palabra griega que significaría “lugar para contemplar”. Existe desde hace mucho tiempo, y a pesar de que en estos días estamos en pleno apogeo de las pantallas, sigue siendo un arte popular activo. La gente que asiste a un teatro, lo hace para presenciar una historia llena de sentimiento, para transportarse de una manera más profunda que en las películas. La gente en el teatro ve personalmente a estos actores y escuchan sus líneas de su talentosa memoria. Cuando uno se adentra a un teatro, se adentra en realidad a otro mundo, a otra época o una distinta vida de la que creía conocer. Es por eso que se requiere silencio y concentración en una obra, porque aparte de perder el hilo de la trama, te desconectas por completo de ese mundo, y te acuerdas de repente de la actual y verdadera realidad.

El monólogo, es un discurso de una sola persona sobre su modo de pensar o su particular vivencia. Es una gran forma de representar a un personaje en pleno conflicto consigo mismo. Un monólogo bien hecho, no se estructura sólo de palabras. Así como en un discurso, los gestos, los movimientos, todo el lenguaje corporal es de suma importancia. Los distintos ademanes, y la entonación de las palabras, se mezclan en una armonía tal, que realmente te hace sentir los sentimientos de la persona, y te hacen conocer su modo de reaccionar ante éstos. Depende del que lo interprete, un monólogo puede ser extenso sin llegar a aburrir al público, así como también puede ser muy corto, pero impactante.

En el caso del monólogo de “Crónicas de una muerte anunciada”, el actor toma la última parte de la novela para su interpretación, sirviéndose de la música de una guitarra que él mismo toca en algunas partes de su monólogo.


¿Es el monólogo similar al libro de García Márquez? Desde el inicio del monólogo, pude advertir ciertos cambios, que al finalizar la interpretación el actor se dispuso a aclarar. Por ejemplo, los nombres de los personajes: El personaje principal –es decir el que sería asesinado- en el libro se llama Santiago Nasar, mientras que en el monólogo se lo nombró como Jesús Mamani. El actor señaló que el personaje, bien podría simbolizar a Jesús de la Biblia, aparte que quiso darle un toque más familiar para todos nosotros, como lo es el apellido Mamani, o el nombre mismo, en cualquier cuestión.

El resto de los personajes también poseían nombres distintos, pero el motivo es prácticamente el mismo, el actor sacó los nombres de la Biblia y los mezcló con apellidos comunes en nuestra sociedad.

La narración no está totalmente cambiada, si bien hubo algunos cambios. Pudimos escuchar todos varias frases presentes también en el libro de García Márquez, con leves modismos de diferencia. La descripción de los lugares, y las escenas, tienen cierta fidelidad con los verdaderos, y los hechos –terribles, debo decir- son también fidedignos a la novela.

La intensidad que le imprimió a los diálogos, la entonación clara de la narración, despertó diversas emociones en el público. El actor se desenvolvía en gritos, alaridos, cantos, amenazas, lamentos, etc., tales que la audiencia no pudo pasar por alto. En lo personal, habiendo leído la obra hace ya varios meses, reviví los mismos sentimientos que me había despertado la historia completa; su interpretación me conmovió tanto, que realmente abandoné el curso para unirme a los pasos de Jesús Mamani, y contemplé su asesinato hasta el momento en que cayó de bruces sobre la mesa de su cocina.

¡Y la música! El emocionante sonido que salía de la guitarra, unido con la potente voz del actor… Provocaron que me hundiera más en la historia, y que me conectara más con los sentimientos que quería expresar. Claro, sé que hubo algunas risitas ante los alaridos finales del actor, y que varios no lograron sentir nada más que diversión, pero es que son esos justamente los más atrapados en las redes de nuestra realidad actual, llena de informática y tecnología digital. Cómo me molesté al finalizar el monólogo con aquellas personas, sobre todo porque lo hicieron en el momento en que Jesús Mamani (Santiago Nasar) indicaba “¡me mataron!!”. ¡Qué expresión! ¡Con cuánta intensidad la demostró!

Otra cosa que rescatar, es la capacidad del actor, su talento. Desafortunadamente, yo cuento con una mala memoria, por consecuente no recuerdo muy bien el nombre del magnífico interpretador. Sin embargo, recuerdo muy bien cuando indicó el tiempo que le había llevado perfeccionar su monólogo. Él reconoce que no es tan largo como para llamarlo “obra”, pero sabe también que no es cualquier cosa. Indica que García Márquez es un gran escritor, que no necesitó adaptar mucho sus líneas. Esto demuestra la humildad, y respeto del actor. ¡Si hasta convenció con su monólogo para seguir considerando “Crónicas de una muerte anunciada” como lectura analítica para la carrera!

Y francamente, creo que a muchos les llamó la atención la obra. Aquellos que no le daban importancia alguna, al menos ahora la toman en cuenta. ¡Yo misma lo comprobé con varios compañeros! Y para los que ya la habían leído, les recordó lo emocionante que es, pues honestamente me hizo dar ganas de volver a leerla.

En fin, para concluir respecto a este hermoso monólogo, me limitaré a decir que es una de las más bellas interpretaciones que he visto realizar. Tampoco he visto tantas puestas en escena, pero de todas esas, ésta breve las hace bolsa. Gracias a este tipo de trabajo, es que el teatro no morirá nunca. No desapareció hasta ahora, y sé que no lo hará en un futuro distante. Esta clase de arte es único, y muy cautivador en un nivel más elevado que el cine, o la televisión. Porque aparte de los libros, el teatro es el único capaz de transportarte tanto dentro una historia en la que cualquier cosa podría pasar, haciendo trabajar tu imaginación.

*Ensayo (primer semestre 2010) basado en un monólogo realizado en la universidad. 

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